-Llevo casi cuatro décadas representando el mismo papel en ese sainete y aunque nunca me había quejado confieso que empezó a cansarme. No he hablado de ello con mucha gente por miedo a ser tildado de malgradecido, solo un puñado de personas saben lo difícil que ha sido para mi en los últimos años subirme al escenario a representar el papel que tanta gloria me ha dejado.
Ahora que lo recuerdo no era el papel que yo había soñado, pero mi agente en ese momento me convenció de mi talento para representarlo y obvio, me habló del pago, así que no tuve mayores reparos en aceptarlo, dejé de lado mi sueño y me entregué de lleno al papel que me llevaría al estrellato.
Me entregué con pasión a estudiar y construir el personaje, no quiero parecer engreído pero en verdad hice un buen trabajo, me esmeré día y noche por muchos años para construirlo y mejorarlo. Estudié con esmero cada detalle, sus gestos, su mirada, sus manías, el color del vestuario, su forma de hablar, puede decirse que me obsesioné para hacer del mío un personaje perfecto, sin tacha sin mácula… sin errores.
Yo construí el personaje perfecto y aunque al principio cuándo lo acepté no vi su importancia, con el pasar de los años con cada representación en tarima la carga dramática y escénica caía cada vez más sobre mí. Soy la envidia de mis compañeros de escena, el director de la obra con frecuencia halaga mi talento, me da palmadas en la espalda y me anima a seguir adelante y mi agente siempre está orgulloso … yo soy un actor portentoso.
Fue inevitable, mi obsesión por crear el personaje perfecto surtió los frutos que me habían prometido: fama y dinero. Yo el modelo a seguir, el de la vida perfecta, el actor consagrado; con facilidad se me han perdonada deslices etílicos o ataques existencialistas, todo en nombre del espíritu bohemio que aún debo tener en algún lado. Todos alaban mi talento, soy el orgullo de mi agente y el modelo a seguir que la escuela de actuación muestra a los recién llegados. Los novatos me creen experto y me consultan sus angustias o sus decisiones importantes, no puedo salirme del papel con ellos tampoco así que sin titubeos opino, sugiero y cuándo es el caso reprendo, ¡Qué tontería!, debería ser honesto con ellos y confesarles que estoy cansado.
No lo niego, este papel me ha traído la fama y el dinero, tengo una casa propia llena de premios, pero si esa casa pudiera hablarles también les contaría cosas inimaginables para un actor de mi fama y mi talento. Les contaría que soy hombre, un ser humano, que tengo vicios y obsesiones, que me ha visto comer de gula, llorar de angustia, ensimismarse en mis inexplicables obsesiones, dejar libros a medias, encerrarme todo un día evitando el contacto humano y maldecir mil veces el papel que he aceptado.
Estimados espectadores, asistieron ustedes a la más especial de las funciones, pues tendrán el privilegio de contar que vieron mi última interpretación de este personaje. Disculpen este quejumbroso soliloquio, pero no era posible dejar mi papel en esta farsa sin antes darles un contexto. Gracias por su aplausos, su respeto y sus lisonjas. ¡Esto fue todo!-
A lo lejos mientras corría hacía el teatro presurosa con la carta apretada entres sus manos, Carlota escuchó el balazo seguido del grito del público y se desplomó de rodillas en la acera. Envuelta en llanto apretó la carta contra su pecho y gritó al cielo todo el dolor que el inesperado final de aquella farsa había traído a su alma.